Volviendo al pasado

Racing volviò a jugar mal, fue una sombra del equipo que vapuleo a central y no pudo sacar ventajas frente a un equipo que pelea por no entrar en la promociòn.



Estaba bien orientado el plantel de Racing. No en la cancha, donde Banfield resolvió a satisfacción 90 minutos sin rebusques, con la combinación de fricción continua, atención al rival que podía promover desequilibrio y el abastecimiento, largo y aéreo, a Jerónimo Barrales.

Las principales voces entre los muchachos del Chocho Llop habían convocado a la prudencia, con la advertencia de que el camino de Racing en la temporada demandará la suma paciente. Hubo carácter profético en ese testimonio colectivo. Nada quedó del equipo que se le plantó a River en el Monumental y que sacó a bailar a Central con movimientos fluidos. Y, enfrente, abundaron rasgos de un Banfield generoso en el esfuerzo, aplicado a un recurso ofensivo y a varios defensivos, tal como lo había mostrado al cortarle el invicto a San Martín en Tucumán.

Jorge Burruchaga entendió la influencia de Maxi Moralez. Por eso lo forzó a jugar de espaldas, siempre con un volante pegado (en general, Bustos) y otros dos colaboradores próximos por si el Enano lograba eludir la custodia. Como eso no sucedió, Racing padeció ausencia de lucidez, recargó el ataque en Lugüercio (siempre pivoteó incómodo debido a la marca) y terminó por depender de que Lucero pudiese penetrar por izquierdo. Aun con irregularidad, el ex Newell's fue el único que notó que una manera de quebrar la contención ajena era cambiar de paso, acelerar con el propósito de desbaratar un plan que congregaba a nueve adversarios. Burru, con Bertolo y Civelli abiertos, casi como punteros en retroceso, también metió barullo en las bandas, donde a Racing no le sobra pulcritud en la salida con sus laterales. Y ni hablar de lo que el DT local provocó con el mandato a favor de Barrales. El grandote no seduce por destreza, pero invita a que la pelota le caiga porque es capaz de aguantarla, de protegerla, de usar el acoplado para que a los defensores les cueste exigirle peaje. Civelli, con zurda caligráfica, y Erviti, pese a baches, fueron lo que semejante delantero requiere para no quedar aislado.

Racing, pues, perdió por algo más que otra imperfección puntual de Martínez Gullotta. Y, a la vez, también dejó algo más que un lamento por una mala respuesta individual, como la ocasión -siquiera transitoria- de sacar el pescuezo de la zona de Promo. Habrá que ver si aprende del trauma. San Lorenzo no será terapeuta complaciente

4 comentarios:

Anónimo dijo...

por favor...basta de martinez gullota, esta todo bien que sea del club y todo lo que queramos, pero ese pibe no puede atajr en la primera teniendo al flaco en el banco y al ex arquero de boca ponemos a este pibe que siempre que se equivoca perdemos los tres puntos, esta critica no opaca que parece ser una buena persona y que se entrena pero racing es un club grande y merece un arquero que lo sea tambien.

Anónimo dijo...

come banco gullota que nos vas hacer un favor!

Anónimo dijo...

he loco como puede estar atajando ese pibe en la primera!, es una verguenza!, no quiero ni pensar en la ultima vez que entro gullota en un clasico con san lorenzo(se comio 3 goles de toke), es una arquero bueno para el Nacional B no para el club de mis amores.

maxi dijo...

Yo no digo que gullota tenga el nivel para ser el arquero de un club como RACING, esta lejos de lograr eso, pero parte de mi lo respalda por haber puesto el pecho en el momento mas dificil.. lo que no quiere decir que lo quiera de titular ahora.

bueno el blog.. dejo un link en honor al aniversario de nuestro gol mas preciado.. saludos!

http://blogs.clarin.com/actualidadeportiva/2008/11/4/el-gol-inmortal

 
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